Este blog habla de reflexiones y hoy tengo muchas cosas acerca de las cuales reflexionar... así que intentaré dar un poco de sistematización a mis reflexiones que este día tratan directamente del problema que aqueja a este país, a causa de las iniciativas que envió Calderón al congreso, para "reformar a Pemex".
Hace setenta años se nacionalizó el petróleo, en un acto de verdadero amor a nuestra nación, gracias a la acción directa del entonces presidente Lázaro Cárdenas y del pueblo mexicano que, apoyó y ayudó a que se lograra ello. Hoy, a siete décadas, hay un grupo, una elite de empresarios mexicanos y extranjeros que, apoyados por un grupo de mercenarios que están en los poderes legislativo y ejecutivo, pretenden echar por tierra lo que se logró en 1938.
En este momento, el mundo está en una crisis porque son pocos los países que tienen petróleo, que es el energético más usado para la industrialización. Por lo tanto, todos desean tener el control sobre el petróleo. Los Estados Unidos, que son la nación aún más poderosa del orbe, mueren por tener el control del petróleo, por ello han organizado guerras en muchos lugares, aunque han perdido ya varias de ellas... la última en Iraq. Por lo tanto, el interés que tiene Bush, quien preside ese país, es apoderarse del petróleo de México, para lo cual cuenta con la complicidad de Calderón, que es el que ocupa (sin merecerlo) la silla presidencial de mi país.
El petróleo que México tiene es una gran tentación para los demás países del mundo, principalmente para los Estados Unidos. Si nosotros permitimos que compañías extranjeras se asocien con Pemex, que es la compañía petrolera de México, sería tanto como compartir nuestra soberanía, nuestras ganancias petroleras y nuestra posibilidad de investigar para encontrar la mejor forma de creación de energía para la industrialización, no sólo de México, sino de cualquier país.
Se tiene el dinero para construir y echar a andar plantas refinadoras de petróleo, porque desde hace seis años se han obtenido excedentes de la venta del petróleo (que no estaban presupuestados y que representan varias decenas de miles de millones de dólares al año), pero no se ha hecho. Es absurdo que estemos vendiendo sólo la materia prima que es el petróleo crudo y que las mayores ganancias que representa la gasolina, la estemos pagando a países extranjeros que nos la importan. Con la capacidad que tenemos se podría tener un buen crecimiento económico, a través de la refinación del petróleo y se debía invertir en investigación de todo lo que tenga que ver con el sector energético, no sólo del petróleo, sino de la energía solar, eólica y de otras.
Supuestamente vivimos en un sistema democrático; por lo tanto, para decidir qué hacer con Pemex y con lo que el subsuelo mexicano guarda, es indispensable que se nos consulte a los ciudadanos mexicanos qué hacer en este problema tan esencial para el futuro de nuestro país.
Por lo tanto, nuestra obligación como ciudadanos es informarnos bien de lo que está sucediendo y después participar activamente en la organización de una consulta popular, a nivel nacional.
Hace setenta años se nacionalizó el petróleo, en un acto de verdadero amor a nuestra nación, gracias a la acción directa del entonces presidente Lázaro Cárdenas y del pueblo mexicano que, apoyó y ayudó a que se lograra ello. Hoy, a siete décadas, hay un grupo, una elite de empresarios mexicanos y extranjeros que, apoyados por un grupo de mercenarios que están en los poderes legislativo y ejecutivo, pretenden echar por tierra lo que se logró en 1938.
En este momento, el mundo está en una crisis porque son pocos los países que tienen petróleo, que es el energético más usado para la industrialización. Por lo tanto, todos desean tener el control sobre el petróleo. Los Estados Unidos, que son la nación aún más poderosa del orbe, mueren por tener el control del petróleo, por ello han organizado guerras en muchos lugares, aunque han perdido ya varias de ellas... la última en Iraq. Por lo tanto, el interés que tiene Bush, quien preside ese país, es apoderarse del petróleo de México, para lo cual cuenta con la complicidad de Calderón, que es el que ocupa (sin merecerlo) la silla presidencial de mi país.
El petróleo que México tiene es una gran tentación para los demás países del mundo, principalmente para los Estados Unidos. Si nosotros permitimos que compañías extranjeras se asocien con Pemex, que es la compañía petrolera de México, sería tanto como compartir nuestra soberanía, nuestras ganancias petroleras y nuestra posibilidad de investigar para encontrar la mejor forma de creación de energía para la industrialización, no sólo de México, sino de cualquier país.
Se tiene el dinero para construir y echar a andar plantas refinadoras de petróleo, porque desde hace seis años se han obtenido excedentes de la venta del petróleo (que no estaban presupuestados y que representan varias decenas de miles de millones de dólares al año), pero no se ha hecho. Es absurdo que estemos vendiendo sólo la materia prima que es el petróleo crudo y que las mayores ganancias que representa la gasolina, la estemos pagando a países extranjeros que nos la importan. Con la capacidad que tenemos se podría tener un buen crecimiento económico, a través de la refinación del petróleo y se debía invertir en investigación de todo lo que tenga que ver con el sector energético, no sólo del petróleo, sino de la energía solar, eólica y de otras.
Supuestamente vivimos en un sistema democrático; por lo tanto, para decidir qué hacer con Pemex y con lo que el subsuelo mexicano guarda, es indispensable que se nos consulte a los ciudadanos mexicanos qué hacer en este problema tan esencial para el futuro de nuestro país.
Por lo tanto, nuestra obligación como ciudadanos es informarnos bien de lo que está sucediendo y después participar activamente en la organización de una consulta popular, a nivel nacional.