Lo conocí en 1974, año en el que nos casamos varios de ese grupo que durante muchos años fue un grupo muy unido... Rogelio e Imelda se habían casado en abril: los ahora mis compadres, Pepe y Chuchis, en junio y Ricardo y yo en agosto... en diciembre conocí al grupo al que también pertenecían Héctor y Gonzalo (que estaban solteros), Miguel y Margarita (que habían contraído matrimonio antes que los demás) y, tiempo después conocí a Tito y Blanca, que se casaron en agosto, pero de 1973.
Fueron muchos años de convivir cercanamente, vimos nacer a cada uno de nuestros hijos, que nos dicen tíos y que se dicen primos, entre sí. Pasamos momentos muy felices y vivimos muchas cosas juntos.
Por las inexplicables situaciones de la vida, dejamos de vernos Imelda, Rogelio y yo, después de mi separación de Ricardo. Y, curiosamente, los reencontré en diciembre del año pasado, en la graduación de la hija de mis compadres y los sentí distantes de mí.
El 2 de febrero de este año, en la celebración de los 60 años de matrimonio de los papás de mi comadre, me reencontré con mis amigos Rogelio e Imelda, compartimos la mesa ellos, Héctor e Isabel (que se casaron un par de años después que nosotros), mi hijo y mi nuera (recién casados) y yo.
Fue como si los siete años de distancia no hubieran existido, platicamos muy a gusto, nos reímos y sentí una agradable sensación de reconciliación con mis viejos amigos. Hablamos de que nacimos el mismo año y que cumpliríamos 58 años este 2008, sólo que él un par de meses después que yo.
Hoy, hará unas tres horas me llamó por teléfono mi comadre y me dio la noticia: Rogelio, mi reencontrado amigo, falleció anoche, 22 de marzo, por causa de un estúpido accidente... celebraba en casa de su hermana, con su familia (incluída su hermosa nieta) un sábado muy familiar... al ir al baño, se resbaló (según entiendo) y cayó por una escalera. Murió instantáneamente.
¿Sabes Rogelio?... me quedaré siempre con tu imagen sonriente y recordando cómo disfrutamos de aquel sábado, en un lugar muy grato, con deliciosa comida y con sonrisas.
Imelda, Erik, Gaby y Fernanda... los abrazo con toda la fuerza que puedo, para decirles que mi corazón está con ustedes y que aquí estoy, para lo que pueda servirles.
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