¿Será el día internacional de la mujer, en el que se celebra la consecución de los derechos de las mujeres, exclusivo para recordar a las grandes luchadoras sociales, a las científicas sobresalientes o a las que ejercen cargos públicos de trascendencia, a nivel nacional o internacional?
Pienso que no, que, si hay que hacer énfasis en este día, será para recordar a las grandes mujeres que nos rodean, a cada uno de nosotros. Hoy, deseo recordar a esa infinidad de mujeres que me han rodeado, apoyado e impulsado siempre, desde el día que nací y, obviamente, empezaré por mi madre, esa mujer que en la primera mitad del siglo XX hizo una maestría, que dio clase a chicos de secundaria por más de 30 años, mientras sacaba adelante a sus cuatro hijos, yo enferma, desde muy pequeña y ella, con problemas económicos, porque entre su sueldo en la SEP y lo que mi papá ganaba como periodista honrado, no había mucho dinero en casa.... sin embargo, crió a cuatro seres humanos de bien, y aquí sigue (para mi fortuna), apoyando, aconsejando y aprendiendo a usar la computadora, a sus 88 años, lúcida y firme.
A mis hermanas, porque ellas solas, han sacado adelante a sus hijas, a quienes formaron en la libertad, porque nunca permitieron que se abusara de ellas y porque son mujeres productivas, comprometidas con sus ideales políticos y muy valiosas ¡felicidades Pilar y Estela!.
A mis dos tías Marías, que ya no están con nosotros, pero que fueron mujeres excepcionales. La hermana de mi papá, la hermosa tía María Martínez, dulce, tierna, pero tan fuerte que, sola sacó adelante a mis primos Sara e Isidro. A mi tía María Albores (esposa y después viuda de mi tío Memo) que tuvo que superar cosas inimaginables y que hace un año descansa en paz, pero que fue el pilar de la familia de mi tío, quien le dio siete hijos. A mi prima Sara, que ya tampoco está en este mundo, pero que fue un ejemplo para mí, por ser yo menor que ella, me quería, me aconsejaba y me permitió despedirme de ella, dos días antes de su muerte.
A mis cuñadas: Verónica, recién jubilada, madre de mi preciosa sobrina Luz y amorosa esposa de mi hermano Hugo, inquieta, trabajadora y una mujer muy cercana a mí y a los míos y Lupita, quien se lanzó a la aventura de vivir en Alemania, con sus dos hijos, después de que muy joven enviudara de un ciudadano alemán e iniciara tan lejos una vida nueva.
A mis amigas de toda la vida, como Patricia, que se acaba de jubilar de cancerología, en donde fue radióloga por más de treinta años y que ahora cuenta cuentos a niños, a Martha Gemma, odontóloga, quien día con día, con dedicación y respeto, atiende a sus pacientes, a Nieves que ha luchado por poder vivir libremente y sin ataduras, renunciando a los bienes materiales, por los bienes espirituales. A Hanny (de quien ayer hablé aquí mismo), a Felisa, que ha constituido una familia envidiable y que siempre nos anima, por ese hermoso carácter que tiene. A Chuchis, que es la madrina de mi hija Bárbara, y que ha sido un apoyo enorme para mí, en tiempos difíciles. A Adriana, que ha crecido enormemente, de dos años para acá y que es un ejemplo de lo que una mujer logra por sí sola, A Tere, que está sacando adelante a sus tres hijas, con broncas fuertes, pero con una sonrisa en la boca. A Lety, que fue mi jefa, que fue mi socia, pero que, ante todo, es mi amiga, una mujer que ha hecho de su vida un canto a la congruencia y a la libertad.
A mis primas: Lourdes (mi compañera de juegos, mi amiga y cómplice), Cecilia, Luz María y Martha, hijas de mi extrañado tío Memo y quienes, cada una, desde su trinchera, desde su corazón, luchan por sus convicciones.
A mi querida nuera Gloria, inteligente y trabajadora, quien con su amor, comprensión y apoyo, hace feliz a mi hijo. A mis sobrinas Mariana, Daniela, Isabela y Luz, que ya son mujeres y una niña (Luz) valiosas. A las hijas de mis amigas, pero especialmente a mi hermosa hija Bárbara , quien me ha dado lecciones de madurez y de fortaleza, como nunca pensé recibirlas. A mi hija, que, en sus inicios como mujer (porque ya dejó de ser niña), lleva siempre la bandera de la congruencia, la lucha y el lograr lo que desea con su esfuerzo, aunque esto le represente pérdidas muy dolorosas. Gracias hija por ser y por estar.
Y a todas las mujeres que, cada día nos abrimos paso en la vida, para poder vivir dignamente.
¡Felicidades!